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Superar la vergüenza y recuperar el placer sexual

Sentirse avergonzado es una experiencia casi universal, y tristemente común en la vida sexual de muchas personas. Nuestra cultura define el placer sexual de forma demasiado limitada, lo que genera vergüenza sobre nuestros cuerpos, sobre nuestro “rendimiento” y miedo al juicio ajeno, cuando lo que debería haber es conexión y disfrute. Permitimos que la cultura dicte qué es belleza, placer y consentimiento—temas fundamentales que no deberían estar sujetos a estándares externos. Pero no tiene por qué seguir siendo así. Con algo de conciencia y reflexión, es posible dejar la vergüenza atrás y darle prioridad al placer.





¿De dónde viene la vergüenza?


La vergüenza puede parecer que aparece de la nada, lo que dificulta identificarla. Pero si te sientes ansioso o ansiosa durante el sexo, la vergüenza podría ser la causa. Puede tener raíces en creencias antiguas, en experiencias con ciertas parejas o en la sensación de no cumplir con determinadas expectativas. No se trata solo de sentirse culpable por algo puntual o estar nervioso antes de estar con alguien nuevo. La vergüenza sexual si es persistente puede limitar gravemente tu capacidad de disfrutar.


La vergüenza deja poco margen para el error. Los hombres pueden temer eyacular “demasiado rápido”; y las mujeres pueden preocuparse por “tardar demasiado”. Unos se angustian por el tamaño de sus genitales, otras por el tamaño de su cuerpo. Algunos sienten vergüenza por su orientación, por cómo expresan su género, o por lo que les excita. Estas normas son restrictivas porque, simplemente, están hechas para restringir.


El impacto de la vergüenza sexual


No sentirte sexualmente empoderado puede afectar cómo te percibes, tus relaciones y tu bienestar emocional. Si lo que te atrae o cómo te identificas no encaja con lo que se considera “normal”, es posible que interiorices juicios dañinos sobre tu valor personal. Por eso es tan importante aceptar nuestros cuerpos, deseos y formas de vivir el sexo.


La reacción más común ante la vergüenza o el malestar suele ser ignorarlo o distraerse—llenarse de ocupaciones, ver redes sociales sin parar. Pero las emociones no desaparecen solo porque no las enfrentes. Están ahí para decirte que algo necesita atención.


El sexo es una forma de expresión personal, y si crees que debes esconder quién eres, es lógico que la vergüenza aparezca. Puede bloquear tu orgasmo, sí, pero también afecta tu conexión contigo mismo y con tu pareja. El estrés que genera incluso puede entumecer tus sensaciones y limitar tu capacidad de sentir placer.



La vergüenza como experiencia cuerpo-mente


La vergüenza no vive solo en la mente; también se almacena en el cuerpo. Tiene la capacidad de cortar el placer y reemplazarlo por inseguridad. Donde podría haber éxtasis, aparece la presión. Para liberar esa vergüenza, es útil practicar actividades que reconecten cuerpo y mente en el presente, como la meditación, el yoga o cualquier movimiento físico que reduzca el estrés.



Cómo deshacerte de la vergüenza (de verdad)


El primer paso para soltar la vergüenza es darte permiso: para sentir, para disfrutar, para dejar atrás lo que te pesa. Cambiar los mensajes antiguos no es fácil, pero sí posible. Cuando identifiques qué te dices a ti mismo o misma que refuerza esa vergüenza, podrás reemplazarlo por algo que sí refleje tus valores. Esos mensajes vienen de otras personas—muchas veces de personas cuyas ideas ni siquiera compartes. No dejarías que un extraño conduzca tu auto, así que no dejes que conduzcan tu vida íntima.


También es esencial eliminar el diálogo interno negativo. Puede sonar como “no eres suficiente”, o “no mereces eso”. Ponerle nombre a esos pensamientos permite reconocerlos y evitar que sigan tomando espacio. Cuanto más te repitas que mereces placer y relaciones que te hagan bien, más fácil será creerlo.


Próximos pasos


Contar con un especialista de tu lado siempre ayuda.

 
 
 

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